EL URIBISMO ... UNA RELIGION ?

. viernes, 27 de junio de 2008
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Muchas son las explicaciones que podrían darse a propósito de la popularidad del presidente Uribe. Por supuesto, estas vienen mediadas por la posición que se tenga frente a su gobierno. Si se es uribista, es obvio que lo consideran el mejor presidente que ha tenido el país. Por el contrario, sus detractores realizan denodados esfuerzos para no sucumbir ante la avalancha mediática y analizar la situación colombiana con la fuerza de la razón dejando a un lado la emoción y los argumentos superfluos. En esta oportunidad entonces se intentará una explicación más, pero esta vez tratando de hacer una analogía con la religión y los elementos que la constituyen, toda vez que he encontrado algunas coincidencias con el fenómeno del “uribismo” y que en la presente semana quiero compartir con ustedes.

Según Antony Jay (2002) para que una religión sea efectiva requiere: fe, doctrina, culto colectivo y un ser supremo. Estos elementos aplican perfectamente para describir lo que se conoce como el “uribismo”. Veamos: la fe es la “creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón”. Quienes se definen como “uribistas” manifiestan abiertamente su fe en el presidente, y es tanto el fervor hacia su figura que por muy sólidos y fuertes que sean los argumentos en contra de su gobierno, sus seguidores no aceptan razones, de hecho, prefieren descalificar a quien se atreve a criticar a su “viejo querido”. Este crítico viene a ser como el hereje, quien, tal y como lo señala Jay (2002) “debe ser descartado no por la probabilidad de que esté equivocado, sino porque podría tener razón.”

El segundo elemento es la doctrina. Y es claro que la religión uribista tiene la suya. En palabras del “filosofo” e “ideólogo” de palacio, ésta se conoce como el “cuerpo de doctrina del uribismo” y según este mismo personaje “marcará la historia nacional” sus dogmas mas significativos son: I) En Colombia no existe un conflicto armado sino una amenaza terrorista. II) La distinción entre izquierda y derecha es ambigua y pertenece a los días de la guerra fría. III) La seguridad democrática es el único camino para alcanzar la paz. IV) El que no está con Colombia (con Uribe) está con el terrorismo. V) Todo aquel que piense diferente y este en contra del gobierno es simpatizante de la guerrilla. Entre otros.

El culto colectivo de esta nueva religión esta representado por ese 84% de colombianos que creen en su presidente. El rebaño es variado: campesinos, obreros, estudiantes, amas de casa, profesores, religiosos, militares, artistas, empresarios, ganaderos, caficultores; todos, -sin excepción- eficazmente orientados (o quizás ¿desorientados?) por unos poderosos e influyentes medios de comunicación que como nunca antes están alineados alrededor de la Casa de Nariño. Y así como la Iglesia Católica cuenta con su Opus Dei, su Compañía de Jesús, sus Dominicos y Franciscanos; esta nueva religión tiene su Cambio Radical, su Convergencia Ciudadana, su Alas Equipo Colombia, su Colombia Viva, su Partido Conservador y su oportunista partido de la U. (también como los católicos, con algunas de sus ovejas descarriadas) En fin, sus fieles se cuentan por millones, y éstos estarían dispuestos a dar su voto cuantas veces sea menester para continuar con el “privilegio” de tener un presidente de semejante talante, único e irrepetible en la historia patria.

Ha sido tanto el fanatismo que ha despertado el presidente Uribe, que incluso es considerado “un ser supremo” he aquí el cuarto elemento de esta nueva religión. De hecho, se considera que es un hombre de “inteligencia superior” que está más allá del bien y del mal, es un superdotado, sobrenatural, con un poder de resistencia tal que es capaz de trabajar durante 24 horas seguidas y con el don de la ubicuidad y sobre todo infalible, nunca se equivoca, su palabra es verbo divino, es vox dei. Cualquier ataque a su gestión es un sacrilegio, una ofensa, una calumnia, una persecución. Es un Mesías, es el enviado que ha venido a liberarnos de las garras de la subversión.

Tales son, en síntesis, los cuatro elementos de esta nueva religión. Además, tiene también sus propios ritos, a saber: en vez de una eucaristía, se le rinde culto al salvador en largos consejos comunales, donde es prohibido ofender a la divinidad. Tiene sus símbolos: la mano fuerte y el corazón grande, la agüita de valeriana, el sombrero y el poncho. Cuenta también con sus sumos sacerdotes que propagan la nueva doctrina a lo largo y ancho, no solo de Colombia sino del mundo bajo el lema de “Colombia es pasión”. Tiene en su nomina al equivalente del recientemente fallecido Cardenal López Trujillo, cuya misión es estigmatizar y perseguir al opositor político (el mismo que funge de “filosofo e ideólogo y jefe de propaganda”) y como religión que se respete cuenta con la anuencia del establecimiento económico, mediático, político y clerical. Y como si fuera poco, alimentan su fe con sus propios mandamientos. (Leerlos, si quiere)

Concluyamos, entonces, que sí es posible hablar del “uribismo” como una nueva religión, cuyos estrategas han sido muy hábiles en el manejo de la imagen de su líder, y en la combinación de todos los elementos anteriormente nombrados, tanto que, en tan solo seis años lograron construir una verdadera y exitosa maquinaria, sin embargo, al parecer, correrá la misma suerte que el antiguo imperio romano, que llego a su fin por su propio peso.

1 comentarios:

super intrépido dijo...

Ese 84% de "fieles" tiende a desaparecer. Ahora seguro no pasaría del 60% y va para abajo. Esta religión ilegitima apoyada por los medios de comunicación, está basada simplemente en la guerra y el rechazo constante por cualquier cosa que se oponga a sus mandamientos. ¿Es eso una democracia?